Pórtate un poquito mal

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Conduzco por la mañana mientras llevo a mi hija a la escuela. Como generalmente ocurre, trato de conversar con ella sobre el tema que la Vida nos proponga en esos veinte minutos de tempraneros desvelos. Siempre, al dejarla en la puerta de la escuela le doy mi recomendación: “Pórtate un poquito mal”. En eso, una mamá me escucha y comenta: “¡Qué lindo papi!”. Mi pequeña sonríe al tiempo que ingresa a su rutina escolar.

Desconozco el motivo por el que esa mami me viera lindo, sólo sé que mi intención es clara: Le he sugerido a mi hija portarse un poquito mal. Ni todo portarse bien, ni todo portarse mal, sólo un poquito mal. Hoy precisamente en el trayecto le explicaba a Maya el significado de tan extraña sugerencia. Desde muy pequeña se lo he dicho, pero hasta ahora llegó el tiempo de revelárselo. ¡Vaya! Ya es una puberta hermosa y su conciencia se ha ampliado, así que me entenderá.

Portarse un poquito mal es invitarte a ejercer tu libertad.

La mayoría de las grandes tradiciones espirituales y religiosas ven en la libertad el origen de la maldad. Ahí tienes a Adán y Eva desobedeciendo el mandato divino y comiendo del fruto prohibido. O la trágica vida de Prometeo que se rebela ante Zeus y le entrega el fuego a los hombres (el fuego no sólo es calor y luz, también simboliza el poder de la conciencia y del conocimiento).

Un señor muy inteligente llamado Rüdiger Safranski (¡sí! ¡Lo sé! el nombre es difícil de pronunciar porque está en alemán); él escribió algo muy impactante: El mal es el precio de la libertad.

Si no fueras libre, siempre te portarías bien. ¡Cómo ves!

Un león caza a su presa y se la come, sin embargo, no lo acusamos de asesino. Una mamá águila agarra a su aguilucho, asciende por los aires y lo suelta para que vuele por sí mismo, y nadie creería que es una mala madre. Si un alacrán pica con su aguijón es porque así está en su naturaleza, no porque practique el bullying con los demás. Los animales no son malos pues no son libres (¡y creo que ni les interesa serlo! pero esto ya es mi suposición).

Tu libre albedrío te invita a decidir, a tomar opciones, a ejercer el derecho a equivocarte. Aquí es relevante que grabes un mensaje en tu corazón: Los demás son la frontera de tus deseos. Ya habrás escuchado por ahí que tu libertad termina donde empieza la del otro. Y así escrito, suena a horribles cadenas de esclavitud, aunque mirándolo con detenimiento, el respeto a los otros es el modo de respetarte a ti.

Recuerdo que cuando teníamos visitas en casa, mi mamá me decía de niño: “Comparte tus juguetes con tus primos y amiguitos”. A mí se me hacía injusto. Yo pensaba: “¿Por qué? Son MIS juguetes y NO quiero”. Ya de grande descubrí que compartir lo mío es principio para que los demás compartan lo suyo. ¡Qué tal! Respetar a los otros y compartir con ellos, te lleva a ganar más para tí.

Friedrich Nietzsche, -otro señor de nombre raro-, escribió una frase muy profunda:

El ser humano es un animal incompleto.

Tu vida es como un libro en blanco, ni una sola palabra escrita, y TÚ ERES LA ESCRITORA. Eres la autora de cada hoja, cada página, cada capítulo de ese libro. Y una pregunta que todos nos hacemos alguna vez es: ¿Qué voy a escribir ahora? ¿Qué sigue?

Naciste sin un guión de cómo vivir, aquí es donde entra la libertad: Tú eres la actriz y autora de tu vida. (Ésta frase tan bella es de un amigo mío, se llama Karl Marx). El mundo donde llegaste a la vida ya estaba antes que tú, por eso eres actriz, porque llegas a un lugar con mucha gente, reglas, costumbres y modos de vivir que tú no escogiste. Lo bonito de esto, es que también eres autora, tu libro personal está en blanco para que anotes lo que quieras.

Y como ví una vez en una película, –En busca de la felicidad-, un papá le decía a su hijo: “¡Hijo mío! ?Nadie! Eschúchalo muy bien, nadie, ni siquiera yo que soy tu padre, puede decirte qué hacer con tu vida. Haz lo que tú quieras con ella.” Me acuerdo que en esa escena lloré conmovido, un papá diciéndole y demostrándole a su hijo que lo respetaba como persona.

Yo te respeto hija, y hagas lo que hagas con tu vida, me tendrás contigo a tu lado. Incluso cuando te equivoques, me tendrás contigo. Iré más lejos: Aunque te rebeles contra mí, estaré contigo. Tu desobediencia la entenderé como la manera en que tu alma joven me dice: “Papá, ya crecí. Ya puedo sola.”

La persona libre es un ser que dice no.

Cuando eras un bebé, no te quedaba de otra, tenías qué obedecer. Te tomabas la leche que te dábamos, te vestíamos con disfraz de calabacita en Halloween y tú ni replicabas. Y poco a poco fuiste creciendo y menifestándonos lo que te gustaba o no te gustaba. Ahora ya te peinas solita. De niña en el kinder, yo te hacía una colita de caballo (pues era lo único que sabía hacerte), y así te ibas a la escuelita.

Uno va creciendo y va tomando sus propias decisiones, y ni modo, en esto de aprender a ser libre vas regándola, ensayo y error, intento tras intento hasta descubrir tu propio camino.

Tienes el poder del NO; un modo rebelde de decirle SÍ a convertirte en la dueña de tu vida.

Por eso querida hija, cada vez que te sugiera portarte un poquito mal, míralo como una invitación a vivir con tu estilo personal; es la manera en que te estoy manifestando que respeto tu libertad y tu dignidad como persona.

¿Cómo terminaré esta historia? ¡Muy fácil!

HAGAS LO QUE HAGAS, TIENES MI BENDICIÓN

Jesús Piña