La vida está esperándote!

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Lorena estaba deshecha. Su novio la había terminado y ella llevaba varios días llorando desconsolada, sin dormir, ni comer. La vida le parecía un infierno.

“¡Pero qué fue lo que hice mal!”, -decía mientras platicaba con su mejor amigo. “¡Le di todo! ¡Es un imbécil! ¡Bien dicen que los hombres aman a las cabronas!”, -casi gritaba.

“¡Ya es la tercera vez que me pasa! Con los anteriores fue igual, comenzamos muy enamorados y cuando llevamos un tiempo juntos, me salen con la sorpresa de que necesitan su espacio y su independencia. ¡Carajo! Y lo más patético es que después me entero que ya andan con otra vieja.” –dijo poco resignada.

“¿Sabes algo? ¡Es como una maldición!” -señaló mientras miraba con nostalgia hacia los ojos de su amigo, quien atentamente la escuchaba.- “¡Es como una tradición en las mujeres de mi familia!, Después de cierto tiempo de andar con alguien nos mandan a volar”, -reflexionaba Lorena ya más calmada.

“¡Pues cambia esa tradición!”, -habló por fin su amigo mientras le daba un sorbo a su capuchino.

“¿Cómo se hace eso?”, -interrogó ella con voz pasmada.

“Una maldición se neutraliza con una bendición”, -respondió él.

“¿Y a quién tengo qué bendecir?”, -volvió a preguntar Lorena, quien no salía de su asombro ante semejante diálogo con su amigo.

“Por lo pronto, a alguien que haya sido excluido de tu familia”, -apuntó el amigo, bebiendo nuevamente de su café. Mientras tanto, Lorena quedó en silencio buscando concentradamente en su memoria a algún rechazado en la familia.

“¡Mi abuelo!”, -exclamó emocionada después de meditar unos minutos. “Nadie habla de él en la familia. Es un secreto a voces que mi abuela lo corrió de la casa porque andaba de coscolino con una vecina y ya nadie supo de él. Desde entonces, en la familia está prohibido hasta decir su nombre”.

“Dale su buen lugar a tu abuelo. Independientemente de lo que digan los demás, él sigue siendo tu abuelo. Acuérdate: Una maldición se neutraliza con una bendición.” –después de esto, entre ambos se dio una aceptación tácita de que la charla vespertina había concluido…

“Querido abuelo: No te conocí en vida, pero te llevo en mi sangre y en mi corazón. Soy parte de tu historia y eres parte de la mía. Honro tu destino; y honro mi destino”. –fueron las palabras que Lorena pronunció con respeto ante esa vieja y amarillenta foto que encontró de su abuelo en el cuarto de las cosas viejas. De un modo inexplicable para ella comenzó a llorar un llanto sutil y profundamente ancestral. Cuando dejó de hacerlo, colocó la foto junto a su buró y se acostó a dormir.

Al día siguiente Lorena despertó tranquila, increíblemente tranquila y sintiendo una gran paz en su corazón. Se levantó, abrió la ventana y miró el paisaje de la mañana mientras una ligera brisa acariciaba su rostro y le decía: “¡La Vida está esperándote!”

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Jesús Piña
Invierte en tu Vida!

Comentarios:

Comentario de: Luz Vazquez [Visitante]

Hola Jesús que reflexiones tan padres nos envías si quieres mandarme cualquiera de tus libros todos tienen algo que me dejan pensando, y como tu dices a tu superamiga gracias por haber aprendido juntos bueno lo que nos compartes es padre.

Gracias

Luz

06.08.10 @ 16:13

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