Cómplices de sangre

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Yo soy el primogénito de mis hermanos…
Y tú, ¿Qué lugar de hermano eres?

El vínculo fundamental entre los hermanos es la complicidad.
Ser cómplice significa ser solidario, cooperar con los iguales.

Un día le pregunté a mi hermana menor cuál era su primer recuerdo de mí,
¿y sabes lo que me dijo? Me relató un momento donde ella tenía 11 años de edad.
Yo me sorprendí. ¡Cómo era posible que no encontrara nada antes de eso!
Ella me respondió: “Es que nunca estabas en la casa.”
Eso me dolió…

Reconozco que no he sido el mejor de los hermanos,
y sin embargo, ¡los amo mucho!
Mi vida no sería igual sin ellos,
son parte de mi clan,
cerca o lejos, enojados o jubilosos, nos une la misma sangre,
Me ha faltado demostrárselos, pero ahora que siguen vivos estoy tratando de enmendarme.

Como hermanos, estamos en el mismo nivel dentro del sistema familiar,
somos iguales en rango, aunque con distinta prioridad.

En una ocasión explicaba en un taller sobre “Secretos de Familia” que el hermano mayor tiene prioridad sobre el hermano menor.
Una mujer me interrumpió y manifestó su desacuerdo.
Entonces le expliqué que la prioridad no significa superioridad,
es sólo eso: PRI-ORIDAD, el primero que llega a la vida.

El hermano mayor lleva prioridad sobre el hermano menor,
pues se van acomodando según llegan a la vida.
Esto tiene sus ventajas y desventajas.

El mayor abre brecha al menor en el proceso de crecer y los papás experimentan con uno.
Dicen que echando a perder se aprende y pues me tocó ser el conejillo experimental de mis papás.
Recuerdo que a mi hermana más chica le fue más fácil conseguir permisos para salir a fiestas y excursiones,
mientras a mí me ponían trabas y me enfrascaba en áridas discusiones sobre mi independencia.

Mirando hacia atrás veo que yo fui el primero de mis hermanos en marcarles una tradición universitaria,
el primero en reconocer el lugar de nuestra hermanita fallecida y el primero en ser papá.

Como verás, me estoy centrando en mi lugar de primogénito,
pero tú puedes adaptar el relato a tus circunstancias.
Un modo de hacerlo es que medites en el primer recuerdo que tienes de cada uno de ellos.

De mi hermanita Aída fue su muerte.
De mi hermano Víctor Hugo, cuando peléabamos almohadazos en la recámara.
¡Nos dábamos cada agarrón! ¡Y me chocaba que nos vistieran igual!
De mi hermana Elvira, la veo de dos años cargada por mi mamá apagando la vela de su pastel de cumpleaños.
De mi hermana Margarita, cuando bailó en un festival vestida de Timbiriche…

Cuando ya tengas los primeros recuerdos de tus hermanos,
ve y pregúntales qué recuerdan de ti, lo más antiguo, lo más remoto.
Tal vez, igual que yo, te sorprendas de sus relatos.

Ésta mañana Elvira, -una amiga y maestra de canto-, me platicó que estaba en duelo por la muerte de su hermano mayor.
No supe decirle nada en ese instante.
Lo curioso es que desde ayer había decidido escribir sobre los cómplices de sangre, los hermanos.
Así que busqué algo para dedicárselo y encontré este enlace: EN MARCHA ESTOY. :D

Y a mis hermanos:
“Que sepa el mundo que en marcha estoy,
pues cobijado por ustedes voy.”

Jesús Piña
Invierte en tu Vida